El hombre, desde sus orígenes, tiene una característica que le ha permitido evolucionar: la curiosidad. Preguntarse sobre algo, hace que uno descubra, aprenda y evolucione.

El mundo de los negocios ha sufrido muchos cambios en los últimos 80 años, pero si bien esto es cierto, si desgranamos concienzudamente estos cambios, veremos que no son cambios conceptuales sino sobre todo formales. Es decir, hemos cambiado, y mucho, la manera de llevar a cabo nuestras actividades, pero en esencia, muchas de ellas siguen siendo las mismas y se sustentan sobre bases conceptuales ancestrales.

 

Analicemos alguna de ellas.

La estrategia de venta y comunicación, lo que en 1922 Fred E. Clark definió como marketing, y nuestro admirado Philip Kotler reinventó en los 70, existe desde que existe el comercio, es decir, hace miles de años. No obstante, las herramientas y el modo de vender han ido cambiando a lo largo de los siglos, pero la esencia de la actividad no: intercambiar algo con alguien por un precio pactado y pensar cómo hacerlo.

Del mismo modo, desde hace miles de años la gente explica a los demás qué hace, qué piensa o cuáles son sus planes, antes en las plazas públicas, foros, reuniones, etc., hoy en las redes sociales.

En conclusión, vemos pues que lo que cambia es el cómo no el qué. Algunos, muchos, basan su estrategia de negocio o profesional solo en el cómo y olvidan el qué.

Por ejemplo, actualmente existen muchos gurús que basan el éxito en el excelente manejo de redes sociales, geniales webs, etc. Si bien hoy en día son importantes como medio de comunicación, si lo que hay detrás no es consistente, no hay un qué con fundamento, los logros no llegan o son muy efímeros.

Pongamos un claro ejemplo con una facultad común a todos los humanos. Si perdiéramos la capacidad de comunicarnos, ¿nos servirían de algo las redes, los smartphones, los micrófonos? No, porque la herramienta no hace que se produzca la comunicación, la facilita, en todo caso.

Del mismo modo, confiar el éxito de una empresa, despacho o proyecto solo en el marketing digital es un error. Insisto, es útil, pero lo fundamental es tener algo diferente que contar. Y eso no se produce siempre. Lo esencial es saber desarrollar las propias virtudes y tener mensaje.

Como consultores ayudamos a nuestros clientes en el buen uso de estas y otras herramientas, pero lo fundamental es que les acompañemos en la definición de quiénes son, cuáles son sus aptitudes, qué pueden hacer con ellas, qué cambios pueden hacer para tener mejor trayectoria, cuál es la estrategia a seguir una vez establecidas las bases, etc. porque sabemos que los medios son una gran ayuda, son el vehículo, pero lo importante es quien conduce.

Por ello abogamos por el uso adecuado del marketing digital como parte de todo un completo plan de desarrollo que incluya el estudio de uno mismo, la definición de su estrategia, el marketing y la comunicación adecuados, el equipo y la organización necesaria,   es decir una visión holística del negocio.

Siguiendo con el símil del vehículo, una vez el conductor ya está preparado, el vehículo debe contar con todas sus partes, no solo las ruedas o el volante. ¿Cierto?

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